¿Qué es ser Perla de Jesús?

Ser Perla de Jesús es ser un granito de arena cualquiera, pisoteado, insignificante para muchos, pero un tesoro inestimable a los ojos de nuestro Dios. Un granito que María ha tomado dulcemente en sus manos y depositado en la Concha de su Inmaculado Corazón. Ella: toda blanca y pura, «Redentora de cautivos», cauce de la Merced de Dios. La Virgen es, para el granito, refugio seguro y escudo protector. Ahí, la diminuta partícula, cubierta con el nácar de la leche virginal -que es la Sangre de Jesús-, es transformada paulatinamente en Perla preciosa y colocada como adorno en la corona del Rey de reyes.

Ser Perla es ser juguetito del Niño Jesús, pequeña canica que hace Sus delicias. La Perla, para sacarle sonrisas y ganarle otras muchas Perlas, se deja golpear y lanzar aquí y allá por Él, sin pedirle cuentas de nada. Su único anhelo es ser consuelo de Su Corazón.

Ser Perla es ser piedra viva unida a otras Margaritas, formando así un Rosario espiritual que intercede por los hombres y enjuga la Faz del Divino Infante, trocando Sus lágrimas en nuevas y brillantes Perlas.
Las Perlas, al divino movimiento, toman contacto unas con otras y hacen sonar una dulce melodía de alabanza al Redentor.

Ser Perla es revestirse de la Eucaristía, el Tesoro escondido, y hacerse eucaristía con Él. La Perla sabe que será pisoteada como el Maestro, pero ¿qué temer? Un instante de sufrimiento no es nada, comparado con una Eternidad con Él.

La Perlita de Jesús

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Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.