A LOS PAÑOS DE JESÚS

¡Jaire María!

     Jaire. Esta palabra me fascina desde que, en una homilía, escuché a un fraile capuchino hablar sobre la Anunciación. «¡Jaire kejaritoméne! (¡Alégrate, llena de gracia!)», dijo el arcángel Gabriel a María.
No recuerdo con precisión el sermón, pero sí lo que experimenté interiormente durante la explicación de aquel saludo.

     La cosa probablemente se habría quedado ahí si no fuera porque, casi un par de semanas después, me topé de nuevo con esta palabra. 
Resulta que mi hermana me envió un pequeño poema que le había recordado a mí:

«¿Qué tendrá lo pequeño 
que a Dios tanto agrada?
Gotitas forman los mares
con sus paisajes de plata;
puntitos llenan el cielo
en una noche estrellada;
de unos granitos de trigo
se hace un Dios en la Hostia Santa…».

     ¡No podía creerlo! Ahí estaba todo aquello que me identifica de una forma especial: una margarita en la imagen, el mar, las estrellas, la Eucaristía… ¡Sin duda estaba ante «mi poema»! Por lo que quise descubrir quién era el autor.
Para mi sorpresa, vi que se trataba de una canción de un grupo llamado… ¡Jaire!
Y entonces lo supe: «¡Jaire María!» era el «grito de guerra» de Los Paños de Jesús. 
Y es que justo apareció en una época en que me debatía entre dos opciones: «¡Ave María!» o «¡Ave María Purísima!».

La palabra griega «jaire» (alégrate, regocíjate) tiene la misma raíz que «járis» (gracia), pues la verdadera alegría (jara) brota de la gracia. María “ha sido abundantemente objeto de la gracia»; eso es lo que significa literalmente «kejaritoméne» (traducido por “llena de gracia”).

     Dice Benedicto XVI: «Aquí hay un primer aspecto sorprendente: el saludo entre los judíos era «shalom», «paz», mientras que el saludo en el mundo griego era «Kaire», «alégrate». Es sorprendente que el ángel, al entrar en la casa de María, saludara con el saludo de los griegos: «Kaire», «alégrate», «regocíjate». Y los griegos, cuando leyeron este evangelio cuarenta años después, pudieron ver aquí un mensaje importante: pudieron comprender que, con el inicio del Nuevo Testamento, al que se refería esta página de san Lucas, se había producido también la apertura al mundo de los pueblos, a la universalidad del pueblo de Dios, que ya no sólo incluía al pueblo judío, sino también al mundo en su totalidad, a todos los pueblos. En este saludo griego del ángel aparece la nueva universalidad del reino del verdadero Hijo de David».

     ¡No puede haber mejor «grito de guerra» para Los Paños de Jesús! 

     Primero, porque siempre se nos va a presentar la tentación del desánimo. Es fácil quedarse en la superficie y centrarse en el «polvo», los «salivazos», las lágrimas, la Sangre que recogemos…

Sin embargo, «¿cómo contemplar la fealdad, teniendo la Belleza?». Los Paños estamos llamados a alegrarnos con María y en María. «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos» (Flp 4, 4), nos exhorta Dios a través de San Pablo. ¡Jaire María! ¡Jaire Paños!

     Segundo, porque, como dice Benedicto XVI:

     . «La misma palabra reaparece en la Noche Santa (del nacimiento de Jesús) en labios del ángel, que dijo a los pastores: «Os anuncio una gran alegría» (cf. Lc 2, 10)». Y Los Paños de Jesús están llamados a envolver al Niño para darle calor.

     . «Jaire» «vuelve a aparecer en Juan con ocasión del encuentro con el Resucitado: «Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor» (Jn 20, 20)». Y Los Paños, como la Sábana Santa, son signo de la Resurrección.

     . «En los discursos de despedida en Juan hay una teología de la alegría que ilumina, por decirlo así, la hondura de esta palabra: «Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría» (Jn 16, 22)». Esta es la promesa del Señor a Sus Paños.

     Y tercero, porque hace poco que vengo sintiendo que el Señor me insta a invitar a los «gentiles» a las adoraciones; a que no me quede sólo con los católicos practicantes: «Sal ahora mismo a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a los pobres, a los tullidos, a los ciegos y a los cojos», «Sal a los caminos y a los cercados y obliga a entrar, para que se llene mi casa…» (Lc 14, 21 y 23).

¡Jaire María!
¡Jaire Paños!

Palma de Mallorca, 29 de diciembre de 2024, Octava de Navidad, fiesta de la Sagrada Familia, y San David, rey.

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.