Al atardecer de la vida, me examinarán del amor

Es cierto aquello que dice San Juan de la Cruz, de que «al atardecer de la vida, nos examinarán del amor».
Sin embargo, qué poco se comprende qué es el amor. Y cuántas veces se relaciona con algo acaramelado y edulcorado. Obras del hombre para el hombre. ¿Quieres saber qué es amar? Te lo diré:

. Estoy amando cuando me acerco al Sacramento de la Confesión y me reconcilio con Dios, conmigo mismo y con el prójimo… Soltando ese fardo pesado que me impide amar auténticamente.
No amo cuando me creo sin pecado y sin necesidad de reconciliación.

. Estoy amando cuando ayuno y hago pequeños sacrificios para vencer mi «yo» egoísta, y así estar más libre para amar al prójimo.
No amo cuando doy rienda suelta a todas mis pasiones, sin poner ningún tipo de freno.

. Estoy amando cuando voy a Misa para dar gracias a Dios, y acompaño a Jesús en Su Pasión -Muerte – Resurrección, y me uno a Él, y recojo todo Su Amor para poder amar a los demás.
No amo cuando, sabedor del significado de la Santa Misa, antepongo otros planes.

. Estoy amando cuando visito a Jesús como a mi más querido amigo, y lo adoro en el Sagrario o en la Custodia, llenándome de Él.
No amo cuando no quiero buscar tiempo para el Señor, excusándome con un: «Él lo entiende».

. Estoy amando cuando oro, pues permanezco a la escucha de Dios. No amo cuando me dejo llevar por el ajetreo de la vida.

. Estoy amando cuando me alimento de Su Palabra, y la medito y la pongo en práctica. Especialmente cuando pongo por obra Sus dos principales mandamientos del Evangelio:

1. «(…) Como yo os he amado, amaos también unos a otros» (cf. Jn 13, 34).
2. «Tomad y comed, esto es mi cuerpo» (cf. Mt 26, 26), o «Haced esto en memoria mía» (cf. Lc 22, 19).

Es el mismo Jesús quien, en el Evangelio, me pide que participe en la Santa Misa y Le comulgue. De hecho, sólo así puedo amar como Él nos ha amado (y nos continúa amando). ¿Por qué? Porque Jesús nos amó (y nos ama) hasta el extremo haciéndose Eucaristía; así que, a imitación Suya, debo hacerme eucaristía para Él y para los demás. ¿Y cómo puedo hacerme eucaristía? Uniéndome a Él por la Comunión.
Y unido a Jesús, ¡qué bellos actos concretos de amor puedo hacer para con el prójimo! Dar limosna, madrugar para que otro no tenga que hacerlo, tener paciencia con aquella persona que me crispa, cargar con la compra de la abuelita del edificio, tener detalles con los míos, cuidar de mis abuelos, invitar a comer a un pobre, hacer una corrección amorosa, tener un detalle con alguien que no es de mi agrado, visitar a un enfermo, bendecir al que me ha ofendido, perdonar, etc.

¿Es que acaso puedo amar por mí mismo, sin todas estas ayudas anteriormente citadas? Para amar, debo ir al Amor. Es pretencioso creer que puedo hacerlo por mí mismo. Sólo las almas pequeñitas comprenden que es preciso ir a la Fuente. Un alma pequeñita se ve sin fuerzas y se abandona en Dios, que es Amor. Y coge todas las facilidades que Éste le brinda. Y lo hace por amor a Él. No hay que olvidar que el «amar a Dios sobre todas las cosas» es el primer mandamiento.
Y quizá me dirás: ¿qué ocurre con todas aquellas personas que desconocen esto y, sin embargo, aman? ¿Y con todos aquellos que las toman, y no aman a los demás? ¿Ves cómo no es algo necesario?

Respecto a los que «cogen» estas ayudas y no aman, es que realmente no las cogen: no hay más. No van con la disposición necesaria. Punto. Y ¡ojo! ¡Cuántas veces va uno mismo así!
Respecto a los otros, lo que pasa es que no todos conocen la existencia de estas ayudas, o no comprenden sus beneficios. Ya sea porque nadie les ha hablado de ello, ya sea porque no están preparados para saberlo. En estos casos, Dios da otro tipo de ayudas y gracias para que puedan amar, ya que Su deseo es que vivamos en el Amor. Pero eso no significa que dé lo mismo. No, no da lo mismo. Es deseo de Dios que todos conozcan y vivan plenamente la Verdad; y aquel que sabe, está llamado a enseñar. Luego quizá el otro no lo comprenda; pero, al menos, se le habrá dado a conocer. Hay que alentar a las personas a aspirar a ideales nobles y elevados. Eso es amor.

Un alma devota de fray Remigi

«La palabra amor es la más pronunciada, pero poco la entienden muchos de los que la pronuncian. Aun concretándonos al amor honesto, se falsea frecuentemente su verdadero sentido, entendiendo por amor lo contrario al amor, o sea, el egoísmo. ¿No sucede a veces que nos amamos nosotros mismos en aquellos que pretendemos amar? (…)

La Eucaristía es el centro del amor y el foco propulsor de toda la vida espiritual, porque contiene al mismo Jesús, que es el amor y la vida, y aumenta la gracia en el alma, y la excita al fervor (…)
La participación de la Eucaristía no sólo produce una unión más íntima de los cristianos con Jesús, su Cabeza divina, sino que además se establece entre los mismos fieles lazos extraordinarios de unidad, haciendo circular entre ellos, con mayor abundancia, una misma vida: la vida de Jesús.

(…) dice Santa Teresita: «No deseo la visita de nuestro Señor para mi satisfacción, sino únicamente para darle gusto a Él».
Esta intención purísima es la que principalmente debe moverte a comulgar. Comulga por ti: por crecer en la gracia y amor divino, y hallar en la Comunión el principal sostén de tu vida espiritual y remedio de tus males (…) Pero comulga sobre todo por Jesús, que tanto desea darse enteramente a ti, para que también te des a Él; y lo consueles, con tu amor, del desamor de los hombres.

(…) Y como los Sacramentos producen su efecto tanto más abundante cuanto mejores son las disposiciones de quienes lo reciben, se ha de procurar que preceda a la Sagrada Comunión una preparación cuidadosa y le siga la conveniente acción de gracias, conforme a las fuerzas, condición y deberes de cada uno.

«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.