«Muchas almas de buena voluntad, pero débiles en el amor divino, ven en la perfección cristiana una montaña poco menos que inaccesible. Acostumbradas a leer en las vidas de los Santos éxtasis y visiones frecuentes, y otros hechos portentosos, creen que esto es la santidad, y se imaginan a los Santos como seres de una naturaleza superior a la nuestra. Confunden la santidad con los carismas extraordinarios y accidentales de la misma (…)
Santa Teresita nos enseña que la perfección a que debe aspirar el alma cristiana no consiste en éxtasis, ni en múltiples obras exteriores, ni en penitencias extraordinarias, sino en el desenvolvimiento de la vida interior, en la fidelidad a los deberes del propio estado, en la perfección de las obras ordinarias, en los pequeños sacrificios de cada día… Y todo esto inspirado por el amor filial a Dios, que nos ama infinitamente más que el mejor de los padres a sus tiernos hijitos».
«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol
