«Sea tu oración un coloquio íntimo y amistoso con Jesús. Coloquio, digo, porque el alma en la oración no sólo habla, también escucha: «Oiré lo que hablará dentro de mí el Señor Dios» (Ps EXXXIV, 9).
(…) Si haces tu oración ante el Sagrario, considera que estás junto a Jesús como María en Betania… Adórale reverente, pues es tu Dios. Ábrele tu corazón, pues es tu Padre. Dile cuán dichoso eres por hallarte en compañía suya. Exponle tus miserias. Manifiéstale tus deseos. Háblale de los intereses de su gloria. Ofrécete a su santo servicio.
Si no te encuentras en presencia de Jesús Sacramentado, no por esto tienes que subir al cielo para hallarle y hablarle. Recógete interiormente y mírale dentro de ti, pues ha dicho: «Quien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión dentro de él» (Juan 14, 23).
No pierdas de vista al Huésped divino que mora en ti: dirígele frecuentes miradas de amor, dulces y encendidos afectos. Regálate con Jesús como un niño pequeñito con su buen padre, o como amigo con su mejor amigo, o como desposada con su esposo amantísimo. Trátale con sencillez y confianza, pues está escrito que su confiar es con los sencillos».

«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.