«La lectura del santo Evangelio está harto descuidada aun entre personas piadosas. Y, sin embargo, ningún otro libro debería leerse más asiduamente que este libro divino, en el cual todo nos habla de Jesús, o mejor dicho, es sólo Jesús quien en él nos habla y nos enseña.
Prefiere a todos los libros el sagrado Evangelio. Lee diariamente algunas de sus páginas con atención y reposo interior, y quedarás sorprendido de la transformación que se efectuará en tu manera de apreciar y sentir las cosas. Tu espíritu se moverá en una atmósfera del todo sobrenatural. Y ¡cómo crecerá en ti el amor a Jesús! ¡Es tan bello, tan bueno, tan amable el Jesús del Evangelio!

Encierran profunda verdad las siguientes palabras de una eminente escritora, Isabel Leseur, que vivió y murió santamente después de haber sido ferviente admiradora y discípula de la Florecilla (Santa Teresita de Lisieux): «Cuanto más medito el Evangelio, mejor comprendo su belleza. Quisiera que penetrase en el fondo de mi alma y en toda mi vida, de suerte que ambas fuesen su viviente predicación».

Para apreciar mejor las bellezas encerradas en el santo Evangelio, es muy conveniente leer antes alguna buena vida de Jesucristo. Esta lectura ofrece la doble ventaja de presentar las cuatro relaciones evangélicas unidas y armonizadas, y de colocar la figura del divino Maestro en el marco natural del tiempo, país, ambiente, y demás circunstancias en que nació y vivió.
Conociendo la geografía de Palestina y la situación religiosa, social y política de la época, podemos representarnos a Jesús de una manera más viva y comprender mejor su personalidad y la forma en que presentó su doctrina.

«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús, Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.