«No incurramos en el error de los que se imaginan que los santos -exceptuados los penitentes como la Magdalena- nacieron santos. Cuando se les proponen los ejemplos de virtud de algún siervo de Dios, dicen: «¡Era un santo!», y con esto creen poder excusar la propia indolencia espiritual.
Los santos no nacieron santos, se hicieron santos; es decir, se santificaron con la libre cooperación de su voluntad a la obra de la gracia, dominando sus malas inclinaciones y perfeccionando las buenas cualidades que Dios les había dado.
Ellos vinieron a este mundo con la naturaleza viciada por el pecado original, como nosotros, y hubieron de luchar contra los mismos enemigos. Sintieron la fatiga del combate y experimentaron cansancio al seguir a Jesús camino del Calvario. A veces tropezaban, y caían, y debían levantarse, y lavar con lágrimas sus faltas o imperfecciones, que luego aprovechaban para servir a Dios como nuevo impulso de amor.
Algunos santos no recibieron en el Bautismo otro caudal de gracia que la que suele Dios conceder a la mayoría de los cristianos. Pero su extraordinaria fidelidad les mereció el cúmulo también extraordinario de gracias que la Bondad Divina jamás rehúsa a las almas generosas.
Y aun aquellos que recibieron cualidades extraordinarias en el orden natural y dones excepcionales en el de la gracia, no fueron santos sino por el buen uso que hicieron de aquellas y por una fidelidad proporcionada a estos, pues, según el Evangelio: «A quien mucho fue dado, mucho se le exigirá».

(…) Tus defectos no son un obstáculo que pueda impedirte llegar a la santidad. Basta que te propongas corregirlos con voluntad pronta y decidida. Sé animoso y constante en el vencimiento propio y, con la gracia de Dios, triunfarás».

«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.