«El cristiano que crea sinceramente que Jesucristo es el Hijo de Dios humanado y Redentor de la humanidad, no podrá dejar de amarle, y naturalmente envidiará la suerte de los discípulos del Señor, que tuvieron el consuelo de verle y acompañarle. El mismo Jesús decía: «Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis» (San Lucas 10, 23). Si amamos verdaderamente a Jesús, más de una vez habremos deseado que estuviera todavía en la tierra para hablar con Él como un hijo con su padre, o un amigo con su amigo. Pues todo esto es para nosotros una consoladora realidad; la Iglesia Católica nos enseña que en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía está realmente presente nuestro Señor Jesucristo con su cuerpo y sangre, alma y divinidad. Los católicos gozamos del literal cumplimiento de la promesa de Jesús: «He ahí que yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación del siglo» (San Mateo 28, 20).
Si no hay dicha comparable a la de aquel que tiene un amigo fiel (Eclesiástico 6, 15), ¿puede haber mayor felicidad para los cristianos que el tener en compañía nuestra al mismo Redentor, y poder visitarle en el Sagrario de nuestros templos todos los días y a todas horas, y hablar con Él, y comunicarle nuestras penas, y pedirle remedio para nuestras necesidades? Más todavía: Jesucristo se ha quedado con nosotros en la Eucaristía bajo las especies de pan, para que, recibiéndole, podamos unirnos a Él íntimamente y participemos de su misma vida divina: «El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en Mí y yo en él» (San Juan 6, 27). -«Así como me envió el Padre que vive y yo vivo por el Padre, también el que me come vivirá por Mí» (San Juan 6, 58).

Meditando acerca de los tesoros de amor y consuelo encerrados en el misterio de la Eucaristía, se comprenden perfectamente estas palabras de un alma amante de Jesús, pero que tenía la inmensa desgracia de no ser católica: «Si yo pudiese creer en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento, me parece que pasaría mi vida entera delante de Él y que jamás abandonaría esta postura de adoración».

«El protestantismo ante la Biblia», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.