«En momentos de aridez interior, hallarás en las preces de la Iglesia bellos sentimientos de amor que facilitarán tu oración. Así lo hacía Santa Teresita:
«Algunas veces, cuando mi espíritu se halla en tan gran sequedad que es incapaz de producir un solo pensamiento bueno, rezo muy despacio un Padrenuestro o un Avemaría; estas son las únicas oraciones que me cautivan, que alimentan divinamente mi alma y le bastan».

(…) Para orar bien, no se requiere pensar y hablar tanto, sino amar mucho. Hace muy subida oración el alma que se echa en brazos de Jesús cual pequeñuela en los de su padre, y permanece en esa sencilla y amorosa actitud, mirándole, amándole, holgándose de estar con Él.

«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.