«En momentos de aridez interior, hallarás en las preces de la Iglesia bellos sentimientos de amor que facilitarán tu oración. Así lo hacía Santa Teresita:
«Algunas veces, cuando mi espíritu se halla en tan gran sequedad que es incapaz de producir un solo pensamiento bueno, rezo muy despacio un Padrenuestro o un Avemaría; estas son las únicas oraciones que me cautivan, que alimentan divinamente mi alma y le bastan».
(…) Para orar bien, no se requiere pensar y hablar tanto, sino amar mucho. Hace muy subida oración el alma que se echa en brazos de Jesús cual pequeñuela en los de su padre, y permanece en esa sencilla y amorosa actitud, mirándole, amándole, holgándose de estar con Él.
«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol
