«Señal cierta y medio muy eficaz de amar al prójimo es pensar siempre bien de él, buscar una interpretación favorable a todos sus actos. Quien ama de verdad, es indulgente y fácil en excusar a la persona amada. Si no puede excusar los actos, excusa la intención (…)
¿No ves asimismo en el Evangelio cuán indulgente se mostró Jesús con las humanas miserias? ¡Con qué infinita dulzura soportaba la ignorancia y rudeza de sus discípulos! ¡Cómo los defendía -lo mismo que a la Magdalena- contra los juicios desfavorables y las acusaciones de los fariseos! ¡Cómo supo perdonar y excusar en la Cruz a sus mismos verdugos, diciendo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen!»
Para ser benévolo e indulgente con el prójimo, acostúmbrate a mirarlo siempre por el lado más favorable, como quien mira un cuadro o un panorama desde su verdadero punto de vista. ¡Cuán doloroso es que no pocos piadosos, verdaderos linces para ver los defectos ajenos, son harto miopes tratándose de las virtudes de sus hermanos y compañeros!»
«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol
