El primer carácter o propiedad del amor del Corazón de Jesús a sus discípulos y a todos nosotros -amor que debe ser la norma del que debemos a nuestro prójimo- es el habernos amado sobrenaturalmente, es decir, no por algún motivo humano o porque viera en nosotros algún mérito o esperara algún provecho para sí, sino tan sólo por su infinita Bondad.
«Me puse a examinar detenidamente- dice Santa Teresita- de qué manera había amado Jesús a sus discípulos; y vi que no fue por sus cualidades naturales, puesto que eran ignorantes y sus pensamientos enteramente terrenales. No obstante, los llama amigos, hermanos suyos; desea verlos junto a Él en el reino de su Padre; y, para abrirles este reino, quiere morir en la cruz, diciendo que no hay mayor amor que dar la vida por aquellos a quienes se ama».
Tal debe ser nuestro amor al prójimo: sobrenatural, desinteresado. No ha de fundarse en las cualidades naturales de la persona: carácter amable, conversación amena, etc. Ni debe tener por móvil el interés, la gratitud u otros motivos humanos, los cuales no son malos siendo honestos, pero carecen de mérito ante Dios, quien no recibe ni premia sino lo que se hace por Él y con el fin de agradarle. El amor sobrenatural comprende a todos nuestros semejantes sin excepción, porque, amando a Jesús en la persona del prójimo, se encuentra a Jesús amable en todos y se tiene para todos la misma bondad (…)
Ver a Jesús en el prójimo: he ahí el secreto admirable para triunfar de todas las antipatías y para amar a todos de una manera sobrenatural».

«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.