«Orienta tu piedad hacia la divina Eucaristía. ¡Sea tu vida espiritual una continua y encendida aspiración a la unión eucarística! Sólo Jesús, médico celestial, podrá calmar esa inquietud que a veces te entristece el alma y hace la vida imposible; sólo Jesús, fuente viva de amor, saciará la sed de amar y ser amado que devora tu corazón. Desde el Sagrario -como en otros tiempos desde los pórticos del templo de Jerusalén- te dice: «si tienes sed, ven a Mí y bebe» (Jn 7, 37).
Gustad y ved cuán suave es el Señor (Sal 33, 9). ¡Cuánto más dulces son los íntimos goces y consuelos que experimenta el alma al comulgar que las ruidosas y perturbadoras alegrías del mundo!

Pero tú has comulgado muchas veces sin percibir la suavidad del Pan Eucarístico. ¿No fue debido a que tu corazón no era bastante puro y humilde? ¿Sería tal vez por tenerlo lleno de afectos terrenos? Nada impide tanto al alma el saborear la dulzura del divino amor como la afición desordenada a las criaturas, a la vanidad, al placer.
Por eso Teresita, cuando era niña, no se cansaba de repetir en sus comuniones esta breve súplica de la «Imitación»: «Oh Jesús, dulzura inefable, tórname en amargura toda consolación terrenal que me aparta del amor a la Eternidad».

Si eres ya un alma ferviente y quisieras aumentar tu amor, ¿no es la Eucaristía el foco divino donde se halla concentrado todo el amor de Jesús? Acércate más y más a Él, y te abrasarás en sus llamas, y saldrás de la Comunión animoso para seguir los ásperos caminos de la vida cantando amor y ganando almas para el Amor».

«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.