«Después de esta unión de amor con su divina persona, nos pide Jesús la unión de caridad con los miembros de su cuerpo místico; es decir, con nuestros prójimos. «El precepto mío es que os améis unos a otros, como Yo os he amado (Jn 15, 12)».
No pudo haber momento más oportuno para imponernos Jesús el precepto de la caridad -su precepto especial, el que tenía más en su corazón- que aquel en que acababa de instituir el Sacramento de la Caridad.
La participación de la Eucaristía no sólo produce una unión más íntima de los cristianos con Jesús, su Cabeza divina, sino que además establece entre los mismos fieles lazos extraordinarios de unidad; haciendo circular entre ellos, con mayor abundancia, una misma vida: la vida de Jesús. «El pan que fraccionamos, ¿no es la Comunión del Cuerpo del Señor? Porque todos los que participamos del mismo pan, bien que muchos, venimos a ser un solo pan, un solo cuerpo» (1 Cor 10, 16-17)».

«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.