«La presencia real de Jesús en la Eucaristía no se limita a los momentos dulcísimos de la Comunión: noche y día permanece por nosotros en el Sagrario para ser el dulce compañero de nuestro destierro. ¡Qué felicidad la tuya, si tienes Viva fe! Cerca de tu casa, en el vecino templo, mora Jesús, que es la delicia del Cielo. Y allí espera tus visitas para colmarte de amor e inundarte de sus gracias: «Venid a Mí todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré» (Mt 11, 28).

Los que se aman de verdad no pueden estar mucho sin verse. Si no siente tu corazón el deseo de visitar a Jesús en el Sacramento de su Amor, es señal de que muy poco lo amas. ¿Visitas a tus parientes y amigos, y no visitarás a tu Padre celestial, a tu más dulce Amigo? ¿No tendrás unos minutos cada día para Jesús, cuando tanto tiempo pierdes en pasatiempos y vanas conversaciones?
Después de la Misa y la Comunión, no debe faltar en tu horario espiritual la visita al Santísimo Sacramento.

Esta visita no ha de ser rápida y fría, como obligada; sino reposada, dulce, amorosa. En el silencio y recogimiento del santuario, adora a Jesús como lo adoran los ángeles que rodean el Altar. Dile que lo amas y que te pesa no haberlo amado siempre. Háblale de lo que más te interesa, de lo que te preocupa; confíale tus secretos… como niñito candoroso que todo lo cuenta a su mamá. ¡Jesús tiene corazón de madre! «Como una madre acaricia a su hijito, así yo os consolaré». Encomiéndale tus seres queridos. Ruégale por las necesidades de la Iglesia y de la Patria. Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida y los que más te han de consolar en tu muerte».

«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.