«La amabilidad infinita de Jesús es para nosotros lo que fue para sus contemporáneos. Pues Jesús no es un personaje meramente histórico, que vivió hace dos mil años en un país lejano: es un ser viviente, que mora entre los hombres a través de los tiempos. Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y lo será por todos los siglos (Heb 13, 8).
Los que amamos a Jesús sabemos dónde tiene su morada, y no es menester preguntarle, como Andrés y Juan: «Maestro, ¿dónde habitas?» (Jn 1, 38). Convive con nosotros en la Eucaristía, según lo prometió al despedirse de sus discípulos: «Mirad que estoy con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos» (Mt 28, 20).
No tenemos por qué envidiar la suerte feliz de los que conocieron y trataron a Jesús en su vida mortal. Nuestra dicha es mayor. Si viviera Jesús en un solo lugar como entonces, no podría estar solamente por cada uno de sus visitantes, ni nos sería dado permanecer siempre con Él. Podríamos ir a verle, como vamos a ver al Papa, y pasar unos días a su lado. Pero las exigencias de la vida nos obligarían a separarnos. Y entonces, ¡cuán tristes nos iríamos!

Mediante la Eucaristía, tenemos siempre a Jesús con nosotros. Podemos visitarle con suma facilidad cuantas veces queramos, y Él está siempre pronto a atendernos a cada uno en particular, como si no hubiera otro en el mundo.
Verdad es que no lo vemos con los ojos corporales. Tampoco le veía el ciego de Jericó. Pero sabemos cierto que está realmente presente en el Smo. Sacramento, con su Corazón palpitante de amor, esperando nuestras visitas.
Más aún. Por la Eucaristía nos es dado realizar con Jesús la aspiración suprema del amor: comer al ser amado para unirnos con él lo más íntimamente posible. «¡Hijita -dice una madre a su niña-, yo te comería a besos!». Nosotros podemos comer a Jesús: desea Él ser comido. Por esto se quedó en forma de pan, diciendo: «Tomad y comed: éste es mi Cuerpo» (Mt 26, 26)».

La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús, Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.