Entre todas singular,
Virgen dulce, suave y pura,
haznos dignos de imitar,
tu castidad y dulzura.
Concédenos casta vida,
prepáranos senda recta,
para gozar sin medida,
de Jesús la paz perfecta.

El día 21 de enero, los milicianos descubrieron el refugio de fray Remigi y se dirigieron ahí. Éste, en cuanto vio que irrumpían en la casa, sumió las Hostias consagradas que guardaba para evitar que fueran profanadas y se entregó de forma voluntaria, declarando con firmeza y decisión que era sacerdote.
Se lo llevaron hacia la checa y luego lo asesinaron a la noche siguiente (22 de enero) en el cementerio de Cerdanyola.
En 1939 desenterraron los cuerpos de los mártires, y en 1943 se procedió a su identificación. El de fray Remigi pudo reconocerse por varios detalles, entre ellos una reliquia de santa Teresita que siempre llevaba consigo.
Fue beatificado el 21 noviembre de 2015 por el cardenal Angelo Amato, junto con 25 compañeros más. Su fiesta se celebra el 6 noviembre, «Mártires de la guerra civil española».

«Quien no ama a Dios, halla dificultades en todo: en el cumplimiento del deber, en la abnegación de la propia voluntad, en la mortificación de las pasiones, en el sacrificio. Tal vez se trata de una persona de excelentes cualidades naturales; en el orden sobrenatural, es una preciosa máquina, pero sin motor.
En cambio, para el alma que de verdad ama a Dios, nada hay difícil, nada es imposible. El amor divino es el principio de toda abnegación, la fuente del sacrificio. Donde hay amor de Dios no hay trabajo ni fastidio, sino suavidad y gozo […] ¡Todo es fácil, todo es posible al amor! El amor es lo que vivifica y ennoblece nuestras obras, haciéndolas agradables a Dios y merecedoras de premio eterno» (JC, p. 192 y 194).

Oh, Dios y Padre nuestro,
el beato Remigi de Papiol,
sacerdote capuchino,
y sus compañeros
amaron tanto a tu Hijo
que no dudaron en dar la vida
dando testimonio de su fe.
Por la intercesión de estos testimonios,
te pedimos avanzar por los caminos
de la santidad, crecer en el amor
a Ti y a los hermanos,
y conseguir la gracia que te pedimos,
si es para tu mayor gloria y para
nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Pide la gracia que deseas obtener).

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.