Entre todas singular,
Virgen dulce, suave y pura,
haznos dignos de imitar,
tu castidad y dulzura.
Concédenos casta vida,
prepáranos senda recta,
para gozar sin medida,
de Jesús la paz perfecta.

Un sobrino suyo lo ayudó a hospedarse en la pensión donde vivía. Durante los meses que estuvo ahí, llevó una vida bastante retirada. Leía, escribía y oraba por los perseguidores. Cada mañana celebraba la Eucaristía, y por las tardes daba clases de religión a otro de los huéspedes. Durante las comidas, solía relatar la vida de algún santo.
Más adelante intentaron arreglarle la salida al extranjero, por lo que fray Remigi pidió a la dueña que acogiera al estudiante fray Tomás de Castelló d’Empúries en su lugar. Tenía previsto viajar dos días después de su detención.

«El Sagrario es el lugar más seguro donde pueden darse cita los que se aman cristianamente. La Eucaristía suprime las distancias que nos separan de nuestros seres queridos aquí en la tierra. Porque si ellos comulgan como nosotros, nuestro corazón se halla unido con el suyo por un mismo lazo de amor que es Jesús, Rey y Centro de todos los corazones. Entre nosotros y las personas amadas más distantes no hay entonces otro objeto de por medio que el Corazón divino, cuyos amorosos latidos percibimos de una y otra parte.
(…) También entre el Cielo y la tierra queda suprimida toda distancia cuando comulgamos, pues recibimos a Aquel cuya posesión forma la delicia de nuestros queridos difuntos» (JC, p. 350-351).

Oh, Dios y Padre nuestro,
el beato Remigi de Papiol,
sacerdote capuchino,
y sus compañeros
amaron tanto a tu Hijo
que no dudaron en dar la vida
dando testimonio de su fe.
Por la intercesión de estos testimonios,
te pedimos avanzar por los caminos
de la santidad, crecer en el amor
a Ti y a los hermanos,
y conseguir la gracia que te pedimos,
si es para tu mayor gloria y para
nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Pide la gracia que deseas obtener).


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.