Entre todas singular,
Virgen dulce, suave y pura,
haznos dignos de imitar,
tu castidad y dulzura.
Concédenos casta vida,
prepáranos senda recta,
para gozar sin medida,
de Jesús la paz perfecta.

Fray Remigi, como buena alma eucarística, era profundamente apostólico y apologético. Entre sus numerosos escritos en defensa de la fe, destaca «El protestantismo ante la Biblia», escrito en la ciudad nicaragüense de Bluefields. Es una comparación entre el catolicismo y el protestantismo. Este libro le valió elogios incluso por parte de un protestante, que afirmó: «El padre Remigio no nos ha insultado ni nos ha faltado al respeto, y ha sabido defender la doctrina católica a partir de la Biblia».
En otra ocasión, recibió una carta del cardenal Pacelli ―futuro papa Pío XII― felicitándolo por el valor de su trabajo.

«Si te contentas con una piedad egoísta, si no anhelas ver a Jesús amado de todos, si nada haces por ganarle corazones que lo amen fervorosamente, si no sientes como propias las ofensas que recibe del mundo y de la impiedad…, muy débil es tu amor.
[…] En nuestros tiempos, de pleno renacimiento pagano, creen muchos que la fe se opone a la razón; que no es posible vivir según las exigencias de la moral cristiana; que algunas virtudes ―como la castidad― son contrarias a la naturaleza. La mejor apologética para triunfar de la incredulidad moderna es el proceder intachable de las almas sinceramente cristianas, que viven de la fe sin renegar de la razón, que son puras y honestas, y practican la caridad y cumplen fielmente todos sus deberes (…)
¡Qué responsabilidad la tuya, si tu conducta no correspondiera a tu fe, si tus obras desmintieran tus creencias, si dejaras infiltrarse en tu corazón el espíritu del mundo!» (JC, p. 300 y 320).

Oh, Dios y Padre nuestro,
el beato Remigi de Papiol,
sacerdote capuchino,
y sus compañeros
amaron tanto a tu Hijo
que no dudaron en dar la vida
dando testimonio de su fe.
Por la intercesión de estos testimonios,
te pedimos avanzar por los caminos
de la santidad, crecer en el amor
a Ti y a los hermanos,
y conseguir la gracia que te pedimos,
si es para tu mayor gloria y para
nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Pide la gracia que deseas obtener).

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.