Entre todas singular,
Virgen dulce, suave y pura,
haznos dignos de imitar,
tu castidad y dulzura.
Concédenos casta vida,
prepáranos senda recta,
para gozar sin medida,
de Jesús la paz perfecta.

Fray Remigi tenía una sensibilidad muy a flor de piel y una cierta tendencia a la depresión. A base de mucho esfuerzo y sufrimiento, fue dominando estos rasgos de su carácter hasta el punto de que muchos de los que convivieron con él jamás advirtieron su lucha interior.
Se dedicó sobre todo a la predicación, al acompañamiento espiritual, y a la publicación de escritos sobre los santos o en defensa de la fe.
Como predicador era fervoroso, pero sin artificios.

«No incurramos en el error de los que se imaginan que los santos nacieron santos. Cuando se les propone los ejemplos de virtud de algún siervo de Dios, dicen: «¡Era un santo!», y con esto creen poder excusar la propia indolencia espiritual.
Los santos no nacieron santos, se hicieron santos (…)
Ellos vinieron a este mundo con la naturaleza viciada por el pecado original, como nosotros, y hubieron de luchar con los mismos enemigos. Sintieron la fatiga del combate y experimentaron cansancio al seguir a Jesús camino del Calvario. A veces tropezaban, y caían, y debían levantarse y lavar con lágrimas sus faltas e imperfecciones, que luego aprovechaban para servir a Dios con nuevo impulso de amor […] Tus defectos no son un obstáculo que pueda impedirte el llegar a la santidad. Basta que te propongas corregirlos con voluntad pronta y decidida. Sé animoso y constante en el vencimiento propio y, con la gracia de Dios, triunfarás» (JC, p. 26-27 y 32).

Oh, Dios y Padre nuestro,
el beato Remigi de Papiol,
sacerdote capuchino,
y sus compañeros
amaron tanto a tu Hijo
que no dudaron en dar la vida
dando testimonio de su fe.
Por la intercesión de estos testimonios,
te pedimos avanzar por los caminos
de la santidad, crecer en el amor
a Ti y a los hermanos,
y conseguir la gracia que te pedimos,
si es para tu mayor gloria y para
nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

(Pide la gracia que deseas obtener).

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.