Entre todas singular,
Virgen dulce, suave y pura,
haznos dignos de imitar,
tu castidad y dulzura.
Concédenos casta vida,
prepáranos senda recta,
para gozar sin medida,
de Jesús la paz perfecta.
La fuerte convicción de Esteve sobre su vocación causó gran impresión en el municipio. Pronto una señora de Rubí se ofreció a sufragar los gastos.
Estudió en el Seminario de Barcelona, pero después, atraído por el celo y la austeridad de los Capuchinos, vistió su hábito el 1 de octubre de 1901 con el nombre de Remigi. Tenía 16 años.
Terminada su formación, fue ordenado sacerdote el 5 de junio de 1909 en Arenys de Mar y lo destinaron a Manila (Filipinas). Ahí se dedicó, sobre todo, a la Confesión. Algunos días empezaba a confesar a las cuatro de la madrugada y no terminaba hasta las diez de la mañana. Llegó a convertirse en el confesor más notable de la ciudad.
Años más tarde fue trasladado a Bluefields (Nicaragua), y luego estuvo en Cartago (Costa Rica), donde dirigió la revista «El Heraldo Seráfico».
«¡Cómo resplandece también en Jesús este nuevo carácter de la caridad! Sacrifica su descanso para atender a Nicodemo, que desea tener con Él una confidencia de noche (cf. Jn 3). Aunque fatigado por un largo viaje y rendido por el calor del mediodía, resuelve bondadoso los problemas de conciencia que le presenta una pecadora de Samaria (cf. Jn 4, 6 s.). Se amontonan alrededor suyo los chiquillos para recibir sus caricias, y Jesús se las prodiga amabilísimamente (cf. Mt 19, 13-14).
[…] Con frecuencia te verás precisado, amable lector, a vivir en compañía de personas de carácter difícil, cuyo trato te resultará harto pesado. Sufrirlas con paciencia y amor es la piedra de toque de la verdadera caridad. Por indignas que te
parezcan, mira siempre en ellas a tu dulce Jesús, a la manera que lo ves presente con los ojos de la fe en la santa Hostia. ¡Parece pan, pero es Jesús!» (JC, p. 359-362).
Oh, Dios y Padre nuestro,
el beato Remigi de Papiol,
sacerdote capuchino,
y sus compañeros
amaron tanto a tu Hijo
que no dudaron en dar la vida
dando testimonio de su fe.
Por la intercesión de estos testimonios,
te pedimos avanzar por los caminos
de la santidad, crecer en el amor
a Ti y a los hermanos,
y conseguir la gracia que te pedimos,
si es para tu mayor gloria y para
nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
(Pide la gracia que deseas obtener).
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
