Entre todas singular,
Virgen dulce, suave y pura,
haznos dignos de imitar,
tu castidad y dulzura.
Concédenos casta vida,
prepáranos senda recta,
para gozar sin medida,
de Jesús la paz perfecta.
Nació en El Papiol, Barcelona, el 20 de septiembre de 1885. Fue bautizado con el nombre de Esteve Santacana Armengol.
Ya de niño sintió un fuerte llamado de Dios a ser sacerdote. Era tal el anhelo que el Señor había imprimido en su corazón, que solía jugar a celebrar misas con un hermano suyo, el cual le hacía de monaguillo. Sin embargo, en la realidad no lo tuvo nada fácil. Sus padres se arruinaron cuando él tenía 9 años, por lo que no podían pagarle sus estudios. Un día en que él insistía sobre su vocación, hubo una fuerte discusión en casa y se escapó. Aquello era algo inusual en él, pues gozaba de un temperamento suave y pacífico. Lo encontraron al tercer día. Cuando su madre le preguntó por qué lo había hecho, el niño respondió:
«Yo quiero ser cura y, si no puedo serlo, prefiero morir».
«Orienta tu piedad hacia la divina Eucaristía.
¡Sea tu vida espiritual una continua y encendida aspiración a la unión eucarística! Sólo Jesús, médico celestial, podrá calmar esa inquietud que a veces te entristece el alma y hace la vida imposible; sólo Jesús, fuente viva de amor, saciará la sed de amar y ser amado que devora tu corazón.
Desde el Sagrario ―como en otro tiempo desde los pórticos del templo de Jerusalén― te dice: «Si tienes sed, ven a Mí y bebe» (cf. Jn 7, 37).
[…] Asiste también diariamente a la santa Misa, comulgando en ella (si no hay legítimo impedimento), para participar con mayor abundancia de los frutos del Santo Sacrificio. Es la devoción más agradable a Dios y más provechosa para el alma» (JC, p. 331-332 y 346).
Oh, Dios y Padre nuestro,
el beato Remigi de Papiol,
sacerdote capuchino,
y sus compañeros
amaron tanto a tu Hijo
que no dudaron en dar la vida
dando testimonio de su fe.
Por la intercesión de estos testimonios,
te pedimos avanzar por los caminos
de la santidad, crecer en el amor
a Ti y a los hermanos,
y conseguir la gracia que te pedimos,
si es para tu mayor gloria y para
nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
(Pide la gracia que deseas obtener).
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
