Reparadores de la Santa Faz

¿Qué es ser reparador de la Santa Faz? Es ser el paño de la Verónica. No digo ser la Verónica, sino su paño. Y es ser el paño en manos de la Virgen. La Virgen, que purifica todo lo que toca. Es ella la que toma el paño, la que previamente lo lava para no infectar las heridas, la que lo perfuma, la que lo suaviza, y la que dulcemente lo coloca sobre el Rostro de su amado Hijo. No es iniciativa del paño, no. El paño simplemente se deja llevar aquí y allá. Y recibe los desprecios que soportó inmerecidamente Jesús por amor nuestro: los salivazos, el polvo, las lágrimas, la Preciosa Sangre que mana de las heridas… ¡Oh, la Preciosa Sangre!

Por eso, ser paño no es únicamente soportar la afrenta para aliviar a Jesús, sino que además es gozar de Su Vida. Es recibir Sus dulzuras, Sus consuelos, Sus gracias… ¡Todo! Unión total con Jesús. ¡Dichoso paño! Así pues, cuando reciba las injurias, en medio de la angustia no debe mirarse a sí mismo…, sino que, gozoso, debe poner los ojos en el Rostro del Redentor, que se ha imprimido en su ser. ¿Cómo fijarse en los salivazos, teniendo Su Santa Imagen impregnada sin mérito alguno? ¿Cómo contemplar la fealdad, teniendo la Belleza?

Por eso, ser paño es ser continua alabanza a las grandezas del Señor. Es portar Su Imagen a todos y alegrarse con ellos, dando continuamente gracias a Dios por Su Misericordia. Es ser un Salmo viviente. Un Himno y un cántico. Es ser eucaristía con la Eucaristía.

El paño, he dicho, recibe las lágrimas. Lágrimas que afloran de lo más profundo del Salvador. Por eso, enjugar el Rostro es enjugar el Corazón. Ser paño es, pues, y sobre todo, ser consuelo del Corazón Eucarístico de Jesús; y, por ende, del Corazón Eucarístico de María. ¡Misión sublime! Así es el Señor: escoge lo más insignificante para elevarlo a lo más alto.

El pañito de Jesús.
Alma devota de fray Remigi.

«Entre los misterios de la Pasión, ninguno conmovía tan profundamente a Santa Teresita como el de la Santa Faz del Redentor (…)
El corazón de Santa Teresita palpita y se halla todo entero en esta su preciosa oración a la Santa Faz, que el Papa Pío X enriqueció con 300 días de indulgencia el 3 de febrero de 1906:

«¡Oh Jesús, que en tu acerba Pasión fuiste hecho el oprobio de los hombres y el varón de dolores! Yo venero tu divino Rostro, en el que resplandecen la belleza y la dulzura de la divinidad, trocado ahora por mí en el rostro de un leproso. Pero, a través de estos rasgos desfigurados, reconozco tu amor infinito y siento abrasarme en deseos de amarte y hacerte amar de los hombres. Las lágrimas que corren en abundancia de tus ojos me parecen otras tantas perlas preciosas que me complazco en recoger, para comprar con su infinito valor las almas de los pobres pecadores.

» ¡Oh Jesús, cuyo Rostro es la única hermosura que arrebata mi corazón! Me resigno a no gozar aquí abajo de la dulzura de tu mirada, y a no gustar el inefable consuelo de tus ósculos; pero te suplico que imprimas en mí tu semejanza divina y que me enciendas en tu amor, de tal modo que en breve me consuma y pueda llegar pronto a disfrutar en el cielo de tu Rostro glorioso. Así sea.

«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.