Pequeño salmo eucarístico

Hostia pura, Hostia Santa, Hostia Inmaculada…

Hostia pura, 
te bendice el agua cristalina del arroyo,
te bendice el niño de pecho
en su inocencia,
te bendice el lirio florecido,
te bendice la radiante perla,
te bendice la nieve en su blancura,
te bendice la blanca paloma,
te bendicen los castos ángeles.

Hostia Santa,
te bendice el sol,
símbolo del Amor que da vida;
te bendice la luna,
cual Hostia sobre el Altar,
al reflejar tu luz;
te bendicen los hombres
que se someten a tu santa Voluntad;
te bendice el trigo al morir y resucitar;
te bendice la tierra al dar su fruto;
te bendice el cirio que,
para iluminar, se consume;
te bendice la margarita
con los pétalos que conducen a ti.

Hostia Inmaculada,
te bendice tu Madre, la Sin Mancha,
única en reflejar tu impecabilidad.
¡Bendita la Mujer que,
cual concha cerrada, custodió el Tesoro
que nos lava de la impureza!
Y bendito Cordero sin tacha,
que día a día se entrega
en el ara del Altar.

Un alma devota de fray Remigi.
Escrito tras la
experiencia vivida con el mártir.

«Si haces tu oración ante el Sagrario, considera que estás junto a Jesús como María en Betania… Adórale reverente, pues es tu Dios. Ábrele tu corazón, pues es tu Padre. Dile cuán dichoso eres por hallarte en compañía suya. Exponle tus miserias. Manifiéstale tus deseos. Háblale de los intereses de su gloria. Ofrécete a su santo servicio».

«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.