«Si las palabras de Jesucristo debieran entenderse en sentido figurado, como pretende el Protestantismo, entonces Jesucristo no sería bueno, y, por consiguiente, no sería Dios. Ved el abismo a que nos conduce la interpretación protestante. En efecto, ¿cómo pudo consentir el Salvador que innumerables almas se engañaran lastimosamente por espacio de tantos siglos, tomando literalmente sus palabras, cuando le era tan fácil explicarse mejor y con mayor claridad?
Porque no hay medio: si el protestantismo tiene razón, la inmensa mayoría del pueblo cristiano: los Apóstoles, los más ilustres doctores, los más grandes santos, las almas más puras… han caído en la idolatría, tributando honores divinos a un pedazo de pan. O la Eucaristía es una realidad, o es la más monstruosa de las idolatrías.
¿No es verdad, amado lector, que tu buen sentido protesta indignado contra esta última suposición? «No -exclamaba el protestante Erasmo-, jamás podrán persuadirme de que Jesucristo haya permitido que la Iglesia, su amada esposa, incurriera en un error tan abominable, como el adorar un pedazo de pan» (Montsabré, Exposición del dogma católico).

Objeción protestante.- Para probar que Jesucristo habla en sentido figurado en el capítulo 6 de San Juan, los protestantes aducen estas palabras del mismo Salvador: «El espíritu es el que da vida, la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he dicho, espíritu y vida son» (San Juan 6, 63).

Respuesta.- Estas palabras nada prueban en favor de la interpretación protestante: la palabra «carne» significa aquí las inclinaciones corrompidas de la naturaleza humana; y la palabra «espíritu» expresa los sentimientos del hombre, elevados y ennoblecidos por la gracia. Las palabras de Cristo son, pues, espíritu y vida. Véase la carta de San Pablo a los Romanos (Rom 8, 1-14), y se verá que el Apóstol interpreta las palabras «carne y espíritu» en este mismo sentido.

«El protestantismo ante la Biblia», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.