«Si las palabras de Jesucristo no expresan una realidad, deberemos dudar de todas las verdades que nos enseña el Evangelio; pues en ninguna de sus páginas hallaremos otra afirmación tan explícita, tan terminante como esta: «Mi cuerpo es verdadera comida», «El pan que yo os daré es mi carne por la vida del mundo», «Este es mi cuerpo».
Cuando el Evangelio dice: «El Verbo se hizo carne» (San Juan 1, 14), y cuando Jesucristo afirma: «Yo y el Padre somos una sola cosa» (San Juan 10, 30), sus palabras no son más claras y categóricas que aquellas. ¿Por qué razón deberíamos entender las unas en sentido literal y las otras en sentido figurado? ¿Se dirá tal vez que encierran un imposible? Si Jesucristo cambió el agua en vino, si multiplicó los panes en el desierto, ¿no puede igualmente convertir el pan en su sagrado cuerpo? Negar esta posibilidad es negar su divinidad. Si, por virtud del calor natural, el pan se convierte en nuestra carne, ¿qué dificultad hay en que, por virtud divina, se convierta en el cuerpo de Jesucristo?».

«El protestantismo ante la Biblia», Remigio de Papiol

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.