«Dicen los protestantes: «Jesucristo no está realmente presente en la Eucaristía, ni ha querido darnos su carne para que la comiéramos. Esto es un error, un absurdo forjado por el romanismo. El capítulo 6 de San Juan debe entenderse en sentido figurado. No es, pues, necesario recibir la Eucaristía para la salvación».
Pero ¿qué dice la Palabra de Dios? «Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende del cielo: para que el que comiere de él, no muera. Yo soy el pan vivo que desciende del cielo. Si alguno comiere de este pan, vivirá Eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. Comenzaron entonces los judíos a altercar unos con otros y decían: ¿Cómo nos puede este dar su carne a comer? Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: que si no comiereis la carne del Hijo del hombre y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el último día: porque mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre es verdaderamente bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Así como me envió el Padre que vive, y yo vivo por el Padre; también el que me come vivirá por mí. Este es el pan que bajó del cielo. No como vuestros padres comieron el maná, y murieron. Quien come este pan, vivirá eternamente».
Esto dijo en la sinagoga enseñando en Cafarnaúm. Y muchos de sus discípulos que esto oyeron, dijeron: «Duro es este razonamiento, y ¿quién puede oírlo? Y Jesús, sabiendo en sí mismo que murmuraban sus discípulos de esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Pues qué si vierais al Hijo del Hombre subir a donde estaba antes?»
(Evangelio de San Juan 6, 48-63).
«El protestantismo ante la Biblia», Remigio de Papiol
