Desde que conocí a fray Remigi, siempre le pido que me ayude a vivir la Santa Misa antes de cada celebración. Hubo una tarde ―como a mediados de marzo de 2024 (no recuerdo el día exacto)― que, poco después de comulgar, tuve el fuerte impulso de decir interiormente: «Hostia pura, Hostia Santa, Hostia Inmaculada…». Es algo curioso, ya que esta canción nunca la escucho y no es de mi especial agrado. Es más, tan pocas veces la había oído…, que, con vergüenza, para mayor gloria de Dios, debo recalcar que, en lugar de «Hostia Santa», yo decía «Hostia blanca».
Lo que sentí en ese momento fue indescriptible: mucha unción, mucha dulzura, auténtica dicha de Jesús. Fue algo tan especial, que me propuse repetirlo en cada Misa. Esto quedaría como una mera vivencia personal si no fuera porque, casi un mes después, leí unas palabras del p. Alberto Mata Oreamuno, un antiguo monaguillo de fray Remigi. Ahí contaba cómo nació su vocación sacerdotal: contemplando a fray Remigi celebrar la Misa, especialmente en el momento en que pronunciaba: «Hostia pura, Hostia Santa, Hostia Inmaculada…» (Palabras prescritas en el Rito antiguo).
¡Realmente impresionante! Sin duda, fue fray Remigi quien había imprimido ese canto en mi corazón.

He aquí las palabras del p. Alberto:

«Cuando el celebrante era fray Remigio, quedaba yo impresionado de la unción y profunda piedad de su Misa. El rito de entonces entre las ceremonias litúrgicas prescribía al celebrante hacer sobre la Hostia y el Cáliz ya consagrados repetidas cruces con la mano derecha, mientras pronunciaba: «Hostiam puram + Hostiam Sanctam + Hostiam Inmaculatam +. Para Sanctum vitae aeternae + et Calicem salutis perpetuae +». Aquellas palabras, pronunciadas con fervorosa y extraordinaria calma por fray Remigio, salían de sus labios como las de los labios del Profeta Isaías purificados con la brasa que el Ángel tomaba del fuego del Altar, y fueron para mí el deseo de llegar algún día a celebrar la Santa Misa».

No hay duda, pues, de que el mismo fray Remigi pronunció esas palabras en mi
corazón para ayudarme a vivir la Eucaristía.
¡GRACIAS, REMIGI, HERMANITO MÍO!

MG.

Fray Remigi

«Los momentos que pasarás ante el Sagrario serán los más felices de tu vida, y los que más te han de consolar en tu muerte ».
(El Papiol, 1885 – Credanyola, 1937)

Tras las huellas de un Mártir de la Eucaristía

A.M.D.G.