El Santo Evangelio era la lectura de cabecera de fray Remigi. Lo dice él mismo:
«La lectura del Santo Evangelio está harto descuidada aun entre personas piadosas. Y, sin embargo, ningún otro libro debería leerse más asiduamente que este libro divino, en el cual todo nos habla de Jesús; o, mejor dicho, es sólo Jesús quien en él nos habla y enseña.
Prefiere a todos los libros el Sagrado Evangelio. Lee diariamente algunas de sus páginas con atención y reposo interior, y quedarás sorprendido de la transformación que se efectuará en tu manera de apreciar y sentir las cosas. Tu espíritu se moverá en una atmósfera del todo sobrenatural. ¡Y cómo crecerá en ti el amor a Jesús! ¡Es tan bello, tan bueno, tan amable el Jesús del Evangelio! (…)»
La Eucaristía y el Santo Evangelio: alimento exclusivo
Decía fray Remigi sobre Santa Teresita: «En los últimos años de su vida, el Evangelio ocupaba por completo su espíritu, hallaba en él sus delicias, y era, juntamente con la Eucaristía, el alimento exclusivo de su vida interior».
Lo mismo podríamos decir del mártir capuchino, fiel devoto de la Santa.
«La joven cristiana en la escuela de Santa Teresita del Niño Jesús», Remigio de Papiol
